La receta de la vida

La ansiedad es una de las patologías más comunes entre la población joven y adulta, se caracteriza por representar un alto porcentaje de las demandas en las consultas de psicología y es considerada uno de los principales problemas de salud, psicológicos y sociales, especialmente debido a su tendencia a prolongarse en el tiempo y a que promueve la aparición de otros trastornos, como puede ser la depresión.  Su gravedad reside en que limita el bienestar y el buen funcionamiento de las personas, de manera que, conlleva un gran sufrimiento tanto para quien lo padece, como para sus familiares y/o allegados. 

Dada su importancia, han sido numerosos los estudios destinados a dar el abordaje más eficaz a esta común problemática, sobresaliendo en la literatura el tratamiento farmacológico y la terapia cognitivo conductual como las principales formas de actuación para lidiar con ello. Generalmente, los consultantes quedan insatisfechos y recaen con frecuencia ante este tipo de tratamientos, motivo por lo que es necesario complementar los enfoques ya conocidos con terapias que profundicen en el problema y no queden en lo superficial de la patología. 

 

La ansiedad, ¿amiga o enemiga?

La ansiedad puede definirse como una respuesta normal y adaptativa ante una amenaza, ya sea ésta real o imaginaria; no es ni más ni menos que la reacción del organismo ante la percepción de una situación de peligro. Asimismo, algunos autores la definen como el principal motor para la disposición al aprendizaje y la motivación de la búsqueda del placer y evitación del sufrimiento. Por ello, la ansiedad puede ser vista como un poderoso estímulo para el desarrollo de la maduración de la personalidad.

Por consiguiente, nos referimos a ella como una emoción que ayuda al organismo a que se prepare rápidamente frente a una situación de amenaza o peligro. Es una reacción sana y natural que todos hemos experimentado (exámenes, entrevistas de trabajo, etc.). 

Sin embargo, esta deja de ser una respuesta adaptativa para el individuo cuando dicho estado emocional se cronifica y se convierte en algo desproporcional a la situación externa dada. Es decir, si ante situaciones cotidianas estresantes la situación alarmante no finaliza cuando el evento acaba, estamos ante una situación de ansiedad patológica. Este miedo o ansiedad intensa, va acompañado de una preocupación excesiva general (predominando los pensamientos negativos) y de un malestar emocional y físico (sensaciones físicas como pueden ser la dificultad para respirar, sudoración, mareos, palpitaciones, taquicardias, etc.)

 

 

¿Cómo abordarla?                                 

No hay una verdad única ni una guía exacta a seguir para el tratamiento de la ansiedad ya que existen diferentes formas de estar y pensar en el mundo, por ello, un tratamiento estándar no siempre funciona para todas las personas, ni mucho menos garantiza el éxito en la terapia.

En consecuencia, sería necesario trabajar desde una visión holística ante los distintos factores ansiógenos, es decir, no únicamente con los pensamientos (ideas, creencias) y técnicas de control físico (como la respiración y la relajación) sino también redefinir la relación con el problema y reconstruir los significados que dan sentido a la vida de la persona.

En los trastornos de ansiedad, prima un sentido de insuficiencia sobre los recursos personales para afrontar las situaciones, así como una percepción negativa de uno mismo y del entorno. Por ello, es de vital importancia en su tratamiento dotar a la persona de recursos para que adquiera un mayor control sobre su problemática, de manera que, logre cambiar su historia limitante y saturada de problemas por una más positiva y empoderadora. A través de metas definidas, se trata de que la persona vaya modificando el relato dominante de ansiedad por uno favorecedor y logre arrojar una mirada distinta a lo que le sucedía.

En la psicoterapia, el paciente es el responsable de los cambios que se producen en la relación que tiene con el problema, siendo este el experto de su propia vida. El proceso terapéutico es un proceso flexible e individual donde mediante la conversación se pretenden realizar cambios en la identidad de la persona para tratar de encontrar la forma que mejor se adecue a su modo de comprender el mundo. Todo ello con la finalidad de que tome las riendas de su propia vida y elija cómo quiere vivirla.  

En conclusión, la solución a los problemas no tiene una receta exacta en la que todo el mundo obtiene un buen resultado si la sigue (como ocurre en las intervenciones tradicionales), sino más bien, es un proceso de cambio, descubrimiento y constante aprendizaje que hace que se adquieran las habilidades necesarias para afrontar las adversidades. 

 

Para conocer y conectar con Victoria Ibáñez Altabella experta en la materia, visita su perfil de Nuna o directamente solicita una cita en su calendario.

Cristina Cordero
Cristina Cordero

Psicóloga sanitaria con especialidad en terapia narrativa. Formación en: trauma, hiperactividad, trastorno del espectro autista, mediación y orientación familiar, mindfulness, etc. Realiza de talleres de: psicoeducación, estimulación cognitiva, relajación, musicoterapia, arteterapia, habilidades sociales, risoterapia y reinserción laboral.

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